Un paseo por el Prado de Madrid en el siglo XVII: Escenario y escenografía de la Corte

Concepción Lopezosa Aparicio

El Prado: enclave y escenario urbano

Desde el establecimiento de la Corte en Madrid en 1561, el límite oriental de la ciudad se convirtió en el principal acceso a la población y punto de partida del recorrido que seguirían las Entradas Reales, establecido entre el Camino de Alcalá, inicio de las reales comitivas y el Alcázar, la residencia oficial de los monarcas.

En consecuencia, el conocido Paseo del Prado, el enclave que discurría entre la calle de Alcalá y la Carrera de san Jerónimo, se convirtió en el ámbito de sociabilidad por excelencia de la villa, escenario de los acontecimientos institucionales más notables y de vivencias cotidianas, consolidándose como un auténtico teatro urbano, emblema y memoria de la ciudad.

 

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Real Alcázar de Madrid

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Camino de Alcalá

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El Prado y Carrera de San Jerónimo

Pedro de Texeira, Plano de Madrid, 1656. Biblioteca Nacional de España

El Camino de Alcalá

La  Villa y Corte de Madrid desde el Camino de Alcalá. Se aprecian las tapias del Retiro, la puerta de Alcalá y el monasterio de las Salesas Reales.

Real Alcázar de Madrid

La antigua alcazaba musulmana pasó a ser la residencia de los monarcas en la Corte, tras el establecimiento de la capitalidad en Madrid en 1561. El edificio, transformado durante el siglo XVII para adaptarlo a las necesidades de los Austrias,  quedó reducido a escombros a causa del incendio ocurrido en 1734.

El Paseo del Prado: teatro de la memoria

Esta vista del Paseo del Prado en su confluencia con la Carrera de San Jerónimo, la principal vía de acceso a la ciudad, muestra las diferentes formas y posibilidades de ocupación y uso de la periferia madrileña a principios del siglo XVII, bajo la atenta mirada de los espectadores situados en los miradores de la casa-jardín del duque de Lerma.

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Torrecilla música

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Ámbito de sociabilidad. Las mujeres en el Prado.

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El uso del coche

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Casa-Jardín del duque de Lerma

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Los miradores de Lerma

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Ámbito de cotidianidad

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Ámbito de marginalidad

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Ámbito festivo.Torneos y juegos

Anónimo, Vista del paseo del Prado en la confluencia con la carrera de San Jerónimo, a principios del siglo XVII. Launsdorf (Austria), Museo del castillo de Hochosterwitz © Colección Khevenhüller

Torrecilla de la música

La música fue, desde finales del siglo XVI, una constante en el Paseo del Prado, ligada a las cualidades del sector en tanto que escenario cortesano y principal ámbito de sociabilidad y encuentro.

Los tablados de madera dispuestos periódicamente en el paseo para acoger a los músicos, fueron sustituidos en 1612 por un edificio estable para que los Los ministriles eran músicos profesionales al servicio del Ayuntamiento, para amenizar con sus sonatas el paseo de los madrileños. Estaban especializados en instrumentos de viento, principalmente chirimías, sacabuches, cornetas y flautas. Los programas musicales resultaban especialmente elaborados durante el desarrollo de los actos institucionales ocurridos en el sector.ministriles ofreciesen sus repertorios conforme al calendario de actuación determinado por la municipalidad.

La torrecilla, emplazada frente a la huerta de Lerma, se convirtió en un auténtico referente en el sector, siendo muchas las escenas del teatro del Siglo de Oro que se ambientaron en sus inmediaciones. El edificio se derribó a mitad del siglo XVIII, debido al proyecto de urbanización emprendido en la zona a instancia de Carlos III.

Durante la entrada de Margarita de Austria, la torrecilla se transformó en torre de la alegría para agasajar a la reina Margarita de Austria, con motivo de su entrada a la ciudad.

"Adios mi amor" (Francisco Guerrero, 1528-1599), Ensemble La Danserye. Yo te quiere matare: Ministriles en Granada en el siglo XVI, Lindoro, NL-3019.

Estructura de ladrillo cubierta con chapitel de pizarra, respondían a los rasgos del barroco madrileño que definió a lo largo del siglo XVII la fisonomía de la ciudad, en su proceso de configuración como Corte.

Juan Gómez de Mora,
Casa de Juana Spínola en la calle del Prado, 1633.
Archivo de Villa (Madrid)

Hermenegildo Ugarte y Gascón,
Vista de la Cárcel de Corte, 1756.
Museo de Historia de Madrid

Ámbito de sociabilidad.
Las mujeres en el Prado.

Como ámbito de sociabilidad, las relaciones entre ambos sexos cobraron especial protagonismo en este enclave de la ciudad, proclive al galanteo y a las relaciones sociales. Las mujeres tuvieron una presencia constante en el paseo, cuya posición social favoreció dinámicas diferentes en el empleo del espacio público. Las mujeres de los ambientes más selectos fueron asiduas del Prado.

“Las damas, el día de fiesta, van al prado de San Jerónimo que figura entre las cosas más célebres de Madrid”

Camilo Borghese, 1594 (cfr. Brandis García, 2011, 173)

Frente a las formas de socialización aceptadas, el Prado fue también un entorno susceptible de prácticas inadecuadas como la prostitución. Las mujeres de escasos recursos la ejercieron en las áreas despobladas del paseo, mientras que las avenidas

principales funcionaron como pasarela para las meretrices de mayor nivel, habituales y reconocibles por la particular manera de vestir y mostrarse en público. La presencia de tapadas fue habitual en otros paseos y espacios públicos como la Alameda de Hércules de Sevilla.

“… no me faltó proporción para ver a los caballeros y damas de España sobre todo en un lugar de árboles o bosques que llaman Prado, donde va toda la sociedad elegante para hacer allí sus reuniones…”

Jacobo Sobieski, 1611 (cfr. Mendizábal, 2012, 181)

“Van con velos negros y los repliegues sobre el rostro, no dejando al descubierto más que un ojo. Hablan a la gente con descaro, y se las encuentra tan impúdicas como disolutas”

Antoine de Brunel, 1665 (cfr. Brandis García, 2011, 177)

Sociabilidad. El uso del coche

Desde principios del siglo XVII, el coche se convirtió en símbolo de distinción, generando nuevas maneras de comportamiento en la ciudad. Fue muy frecuente acceder al Prado en coche, lo que generó las primeras normas de tráfico en la ciudad.

Las mujeres enseguida fueron conscientes de las posibilidades de las carrozas, al permitirles proyectar el recinto de privacidad a la esfera pública, sin renunciar a la intimidad. El coche fue un elemento doblemente ansiado, como referente de status y garante de autonomía, funcionando como un auténtico balcón rodante.

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Convento de Trinitarios en la huerta del duque

En 1606 el duque de Lerma, protector de la Reforma trinitaria, fundó el convento de trinitarios descalzos, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación, cediendo parte de los terrenos de su huerta para tal fin.
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Los jardines

Ocuparon buena parte de la extensión de la finca. Se extendían entre el núcleo de la vivienda y el convento de los Trinitarios. Los jardines, llegaban hasta el Prado, se estructuraron en diferentes niveles, con denominaciones específicas: Jardín de Hércules o jardín de Eva, decorados con escultoras, numerosas especies vegetales y fuentes que dotaron de esplendor el recinto en el que no faltó un zoológico de animales exóticos y una plaza de toros, la primera que surgió en la Villa.
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Los cuartos principales

La construcción de la residencia se emprendió en 1614 conforme a la traza elaborada por elarquitecto real , Juan Gómez de Mora. La vivienda privada, con fachada a la Carrera de San Jerónimo, se organizó en torno a un patio cuadrado a partir del cual se dispusieron las estancias principales. Las viviendas accesorias, estructuradas alrededor de pequeños patios, integraron numerosas de estancias complementarias, cocinas, establos, cocheras, despachos, enfermería y caballerizas que rivalizaron con las del monarca.
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Pasadizo a San Antonio del Prado

En 1609 el duque de Lerma  fundó el convento de capuchinos de San Antonio de Padua  dentro de los límites de su propiedad hacia la Carrera de San Jerónimo. Como muestra la pintura, el recinto conventual quedo vinculado a la casa-jardín del duque a través de un pasadizo elevado, que le permitía comunicar directamente el recinto religioso con su residencia y con el convento de Santa Catalina de Sena, la tercera de las fundaciones que construyó en los terrenos de su propiedad.

Casa Jardín del duque de Lerma

Francisco de Sandoval y Rojas, V marqués de Denia y  I duque de Lerma (1553–1625) fue el valido y consejero de Felipe III entre 1598 y 1621, convirtiéndose en el hombre más poderoso del entorno cortesano de la época.

Pedro Pablo Rubens,
Don Francisco de Sandoval y Rojas. Duque de Lerma.
Madrid, Museo del Prado

Con la pretensión de generar un ámbito cortesano que funcionase como emblema de prestigio y poder personal y como lugar para la distracción del monarca, como extensión de la residencia regia. La superficie adquirida por el duque, le permitió crear un conjunto residencial compuesto por las casas principales, con entrada a la Carrera de San Jerónimo, cuartos secundarios, amplios jardines con vista al Prado y los recintos conventuales de Trinitarios, Santa Clara y San Antonio, generando a pequeña escala el esquema de su villa ducal de Lerma, máxima expresión de su poder. El arquitecto Juan Gómez de Mora (1586-1648) fue el encargado de materializar el proyecto de Lerma.

Los miradores de la huerta de Lerma

Disponer de una galería con vista al Prado resultó una auténtica novedad en la zona y la mayor singularidad de la residencia de Lerma. El duque se aseguró un balcón en un enclave fundamental de la ciudad, el lugar donde se erigía el primer arco que dignificaba el itinerario oficial de las Entradas Reales, donde las autoridades municipales entregaban las llaves de la ciudad a los ilustres visitantes.

Los miradores suponían además una tribuna perfecta para contemplar los festejos impulsados por el valido en la delantera de su huerta y participar de la vida cotidiana acontecida en el sector.
Se trataba de una estructura sencilla, a modo de galería corrida por el frente del paseo, compuesta por una serie de ventanas abiertas, centrando la importancia en el mirador esquinero.

La nueva residencia regia construida a partir de 1630 a instancia del Conde Duque de Olivares se situaba frente a la casa de Lerma. 

Las galerías del  palacio se concibieron como una estructura independiente del edificio a modo de palco, en la esquina del Camino de Alcalá con el Prado, un enclave privilegiado en la entrada principal a la ciudad, dominando la delantera del paseo.

Ámbito de cotidianidad

Agua,  flores, fruta y dulces fueron los productos más demandados por los paseantes en el Prado, generando una destacada actividad comercial, que necesitó ser regulada por las autoridades municipales para controlar una práctica considerada ilícita, evitar los precios abusivos y resolver los conflictos surgidos con los comerciantes que veían una clara competencia con sus negocios.

La presencia de aguadores, encargados del abastecimiento ambulante de agua, como el célebre aguador de Sevilla que inmortalizase Velázquez, fue una constante en las ciudades en la edad moderna, especialmente visibles en el paseo tanto por la demanda como por las posibilidades de suministro que ofrecían las numerosas fuentes de la zona.

Respecto a las ventas, fueron principalmente mujeres quienes gestionaron la actividad comercial surgida en este enclave.

Ámbito de margi­na­li­dad

La afluencia continua de gentes al paseo favoreció la aparición de un foco de marginalidad asociado a los grupos más vulnerables que ejercieron la mendicidad para conseguir la consiguiente limosna.

En este contexto fueron habituales los conflictos asociados a conductas inapropiadas que acabaron en frecuentes peleas y desencuentros.

Ámbito festivo. Torneos y juegos

La huerta del duque de Lerma se convirtió en escenario habitual para la celebración de fiestas cortesanas, como  entretenimiento del rey y de su entorno, así como para la exhibición pública del poder del duque.

El Paseo del Prado, frente al jardín del Lerma, funcionó como extensión de la huerta del valido, escenario de los principales acontecimientos festivos, con una visión privilegiada desde los miradores entre los que los torneos, estafermos y juegos de sortija fueron habituales, sucedidos sin interrupción entre 1608 y 1618.

Candela Argüello del Canto, “Las tapadas”. Una propuesta sobre la representación de la prostitución en la pintura del Siglo de Oro”, BSAA Arte, 83 (2017), 235-252. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/321223262_

Dolores Brandis García, “La construcción y difusión de las imágenes del Prado de Madrid en los relatos de viaje”, Espacios y destinos turísticos en tiempos de globalización y crisis. AGE, Madrid, 2011, 169-185. Disponible en: https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/16462/construccion_brandis_TERAP_2011.pdf?sequence=1

Bernardo García García,  “Los espacios de la privanza. Las residencias del favorito como extensión de los Reales Sitios en tiempos del duque de Lerma”,  en: Felix Austria. Lazos familiares, cultura política y mecenazgo artístico entre las cortes de los Habsburgo. Fundación Carlos de Amberes, Madrid, 2016, 393-440.

Concepción Lopezosa Aparicio, “Un singular edificio en el Prado Viejo de San Jerónimo: La torrecilla de música”, Anales de Historia del Arte, 5 (1995), 93-100. Disponible en: https://revistas.ucm.es/index.php/ANHA/article/view/ANHA9595110093A

Concepción Lopezosa Aparicio, “La imagen de la Ambición. El Real Gallinero en los Altos del Prado, Anales de Historia del Arte, Nº extra (2008), 213-228. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2749271

Concepción Lopezosa Aparicio, “La residencia del duque de Lerma en el Prado de San Jerónimo. Traza de Gómez de Mora”, Madrid, 1 (1998), 457-486.

María Florencia Mendizábal, “¿Una ciudad para un rey? Reflexiones en torno a la construcción del espacio cortesano en Madrid (s. XIII-XVII)”, Estudios de Historia de España XIV, Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 2012, 161-184. Disponible en: http://erevistas.uca.edu.ar/index.php/EHE/article/view/60/63

Teresa Zapata Fernández de la Hoz,  La corte de Felipe IV se viste de fiesta. La entrada de Mariana de Austria, 1649. Universidad de Valencia-Anejos de Imago, Valencia 2016.

TítuloUn paseo por el Prado de Madrid en el siglo XVII: Escenario y escenografía de la Corte
AutoraConcepción Lopezosa Aparicio (Universidad Complutense de Madrid)
Diseño WebKunsthistorisches Museum – Visual Media, Vienna
Procedencia de las imágenesMuseo del castillo de Hochosterwitz, Colección Khevenhüller (Launsdorf), Biblioteca Nacional de España, Archivo de Villa, Museo de Historia de Madrid, Museo del Prado.
AgradecimientosCarmen Julia Guitiérrez, Fernando Pérez V, Juan Ruiz, Luis Robledo, Bartolomé Khevenhüller-Metsch, Alfredo Alvar Ezquerra.